
Un viejo Scout canadiense, Bill Hamilton, de más de ochenta años de edad, que gustaba de poner trampas para cazar animales, escribió un libro llamado My sixty years in the plains en el que describe los peligros de la vida aventurera de los primeros colonizadores:
"Se me ha preguntado", escribió Hamilton, "por qué nos exponíamos a tales peligros. Mi contestación ha sido siempre que existe un atractivo en la vida al aire libre, del cual un Scout no puede librarse una vez que ha caído bajo su influjo. El hombre que ha crecido entre las grandes obras de la naturaleza, cultiva la verdad, la independencia Y la confianza en sí mismo; tiene impulsos generosos, es leal con sus amigos y con la bandera de su patria".
Con todas mis fuerzas abono lo que este viejo Scout ha dicho y aun más, encuentro que los hombres que han estado en las fronteras más apartadas -en lo que pudiera llamarse una vida ruda y salvaje-, pueden contarse entre los más generosos y caballerosos de su raza, especialmente por lo que respecta a las mujeres y a los débiles. Se convierten en "caballeros" por el contacto con la naturaleza.
"Se me ha preguntado", escribió Hamilton, "por qué nos exponíamos a tales peligros. Mi contestación ha sido siempre que existe un atractivo en la vida al aire libre, del cual un Scout no puede librarse una vez que ha caído bajo su influjo. El hombre que ha crecido entre las grandes obras de la naturaleza, cultiva la verdad, la independencia Y la confianza en sí mismo; tiene impulsos generosos, es leal con sus amigos y con la bandera de su patria".
Con todas mis fuerzas abono lo que este viejo Scout ha dicho y aun más, encuentro que los hombres que han estado en las fronteras más apartadas -en lo que pudiera llamarse una vida ruda y salvaje-, pueden contarse entre los más generosos y caballerosos de su raza, especialmente por lo que respecta a las mujeres y a los débiles. Se convierten en "caballeros" por el contacto con la naturaleza.
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